06-10 Maritxu Kajoi

El origen de esta fiesta, que sigue practicándose con la misma devoción que en sus principios, es casi tan sorprendente como sus paganos milagros. Fue hace unos cuarenta años cuando una cuadrilla de hombres del pueblo hacían su tradicional ronda de vinos por los bares. Al salir de un bar, uno de los hombres se fijó en la virgen del Rosario que los contemplaba desde la vitrina en la que reposa en un lateral de la iglesia principal. Los efectos del vino y aquella visión del más allá provocaron en el infiel una reacción de adoración hacia Maritxu, nombre que le dio Pepe Txantxote como patrona de los txikiteros. El bebedor improvisó unos versos que cantó en voz alta rogando a la virgen para que los protegiera en su errático deambular por las tascas y por la vida.

Este improvisado ritual, que en aquella primera ocasión fue practicado por aquel reducido grupo de fieles, se ha convertido en costumbre y es hoy celebrado por miles de bebedores y admiradores de Maritxu Kajoi cada primer viernes de octubre en Arrasate.

En honor a aquellos precursores de tan particular devoción la gran mayoría del pueblo y el cada vez mayor número de visitantes que se apuntan, salen a la calle engalanados en trajes un tanto pasados de moda que evocan el estilo de los involuntarios inventores de la fiesta. Es el día en el que cada cual rescata del baúl de los recuerdos aquel antiguo traje de su padre o incluso de su abuelo. Las peluquerías se desbordan para preparar los más elegantes peinados de las mujeres.

Es indispensable vestirse de gala y colgarse al cuello el escapulario que cada año diseñan con versos o distintos motivos que van cambiando cada año, al igual que el milagro que representan cada vez. Un día y noche de fiesta sin igual.

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